Carta a mi cirujano.
Por lo general, la gente se queja más que
agradece y a mí me gusta contradecir generalidades…
No me gustaría resultar pesada, pero es tanto
agradecimiento el que quiero transmitir que todas las palabras me parecen pocas.
Llevo muchos años tratando de superar un complejo que me ha repercutido muchas
veces en mis relaciones sociales, en la defensa de diferentes trabajos, en
entrevistas, en oposiciones… todo porque en mi mente enfocaba las miradas hacia
mi boca. El cambio físico es evidente, pero va mucho más allá. Ahora pronuncio
mejor, respiro por la nariz y puedo mantener mi boca cerrada sin forzarla. Han
desaparecido las migrañas tensionales, los bloqueos mandibulares...
No sé si sirve para algo la admiración, en
cualquier caso, admiro lo que haces. Sí sé que es tu trabajo y yo solo soy una
paciente más, pero tú has marcado la diferencia entre cumplir con tu trabajo y
la excelencia. Para mí esto ha supuesto un antes y un después y quería
agradecértelo porque has hecho que sea más llevadero. Nuria y tú habéis sido
una especie de trampolín hacia la seguridad en mí misma.
Cuando comencé con las visitas a los
especialistas, me sentí como una pelota en un partido de tenis. Cada uno me
decía algo diferente, me cambiaban las citas sin más e incluso hubo algún trato
poco agradable. Ya me daba bastante respeto la intervención como para que
también me faltase un mínimo de confianza con quien posiblemente llevase a cabo
mi cirugía. Por eso es por lo que quiero decirte todo esto. Que seguramente no
llegues a entender la importancia que tiene para mí porque es tu día a día y
soy consciente de que hay mil casos peores. Sin embargo, yo te quiero dar las gracias
por la amabilidad, por el buen trato, por la exquisita atención, por querer
seguir mi caso de principio a fin y, por supuesto, gracias por el buen trabajo
(mi sonrisa es algo así como una genialidad tuya); y gracias por sonreír a los
pacientes. No abunda nada de eso entre facultativos.
Gracias por hacer que no sea tan desagradable
esto de “venir al médico” (y en mi caso, además, que “me partan la boca” como
me dicen por ahí).
Podría hacer la lista infinita, no obstante,
para no aburrir más, lo resumo con un GRACIAS POR DEVOLVERME LA AUTOESTIMA
(casi nada).
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